Las emociones y el cambio

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Si hay algo que diferencia a las personas de las máquinas en el trabajo son las emociones. A través de las emociones conseguimos transmitir a otros lo que nos importa y lo que no. Nos ayuda a dar énfasis a algunos aspectos del mensaje que queremos transmitir. Nos alerta sobre la capacidad para enfrentar o no determinado reto. Nos animan a seguir luchando por conseguir nuestro objetivo.

Pero, parece que no todos creemos en la utilidad de las emociones como elemento de gestión. En un proceso de cambio, por ejemplo, puede ocurrir que no consigamos transcribir a la práctica lo que anteriormente habíamos diseñado en el papel, porque las emociones de las personas vinculadas al cambio frenan el avance hacia adelante. Entonces nos encontramos con que alguien esgrime la frase “Hay que comportarse de manera profesional y seguir adelante”. En este punto, yo reflexiono y me pregunto ¿Qué significa ser “profesional” para la persona que afirma esto? ¿Estamos diciendo que “profesional” es aquel que inhibe sus emociones? Es decir, ¿alguien que en su marco de actuación se acerca más a una máquina que a ser una persona? Las emociones no hay que inhibirlas, hay que saber gestionarlas y verlas como un elemento que puede ser nuestro alíado, si sabemos gestionarlo, o nuestro mayor enemigo, si lo tratamos de ignorar.

En un documento muy interesante sobre gestión del cambio, publicado por Epise, se vinculan las siete etapas del cambio con una emoción predominante, quedando la cosa como sigue: Everything about nails and manicure products Nails Trends

1) Fase del “Presentimiento”, el profesional en cuestión intuye que algo va a ocurrir, que las cosas no van a seguir como hasta ahora y tiende a preocuparse por sí mismo y por su entorno.

2) Fase del “Shock”, cuando tiene el cambio delante de sus ojos, le sobreviene un sentimiento de miedo, miedo a estar a la altura, miedo a salir airoso de la situación.

3) Fase de la “Resistencia”, en este punto, hay un intento por volver al status quo y se manifiesta con irritabilidad, enfado, con ganas de demostrar que lo que se viene haciendo hasta ahora no es tan malo y lo que hay que hacer a partir de ahora, no es tan bueno ni tan beneficioso como lo pintan.

4) Fase de la “Aceptación Racional”, esta es una fase más calmada, se percibe la necesidad del cambio, aunque no se sabe del todo qué es lo que hay que hacer y que recursos se necesitan.

5) Aceptación emocional. Se mira hacia adelante, aunque con cierta nostalgia hacia el pasado.

6) Apertura hacia el cambio. Cuando se empiezan a notar los primeros beneficios, el entusiamo y la curiosidad aparecen y ayudan al profesional a luchar por conseguir vencer la viejas constumbres y proveerse de los recursos necesarios.

7) En la última fase, se siente confianza hacia el cambio, como algo para lo que estamos preparados y que nos va venir bien a todos.

La última etapa es a la que todo gestor de equipos trata de llegar. Lo que ocurre es que muchos tratan de tomar un atajo, tratando de desoir las emociones de su equipo: “Por favor, que se comporten como profesionales y cambien de una vez, que dejen de llorarme”. Pero las emociones manifiestan, ni más ni menos, que aún se encuentran en otra etapa anterior y necesitan un empujón para superarlas.

Las emociones y el cambio

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